viernes, 19 de agosto de 2011

Los sueños, sueños son...

Hay un capítulo de Los Simpsons (si teneis buena memoria y sois seguidores de la serie sabreis de cual hablo) en el que en una cena de Acción de Gracias a Bart le castigan sin cenar, y le dicen que les ha arruinado la cena de Acción de Gracias por quemar un centro de mesa que Lisa hizo. Él se escapa de su habitación con su perro a un centro de la beneficiencia para que le den de cenar. Al volver a casa, justo antes de abrir la puerta, se imagina cómo sería su regreso: echarían de menos su presencia pero le obligarían a disculparse con su hermana. Además de eso, cada uno de los familiares le iría echando las culpas de sus respectivos problemas.

Pues es aquí, cuando le echan las culpas, donde me identifico con Bart.

Hace unas semanas un amigo, posiblemente uno de mis mejores amigos, se enfadó conmigo por un comentario que hice. Cuando, en mi incredulidad, le dije que si se enfadó, explicó los motivos de su enfado, pero además amplió un poco: nombró varias ocasiones en las que yo hacía ese tipo de comentarios. En aquel momento comprendía su enfado, pero por dentro de mí algo fue mal. Algo iba mal. Me sentía MUY mal, me sentía culpable, no sabía porqué, pero así era.

Esto ocurrió por la noche, y como ya era más o menos tarde, dejé pasar un rato para disimular que no me había afectado mucho y me fui a dormir. Al día siguiente sería otro día. Mientras me dormía, pensé en eso y en que tal vez llevase razón en eso y en más cosas que no querría haberme dicho. Pero poco a poco fue desapareciendo de mi cabeza hasta quedarme completamente dormido.

Pero lo cierto es que entonces pasó algo bastante intimidante. Recuerdo que estaba sentado en una mesa en medio del campo, ese típico campo al que vas los domingos con la familia a comer, un campo cualquiera, y sentados en la mesa estábamos mi amigo (el que se enfadó conmigo), su novia (no sé muy bien porqué, pero estaba ahí), mi padre presidiendo la mesa, mi madre y al lado de mi madre estaba yo. Y mientras comiamos, mi amigo repetía todo lo que me había dicho la noche anterior. Cuando terminó, mi padre se sumó a las acusaciones. Fue en ese momento cuando empezó la pesadilla: me estaban echando todos mis defectos, todos mis errores (que no son pocos) a la cara. Y todo eso con una frialdad espeluznante, como si no les importase hacerme daño.

Me dijeron cosas que a día de hoy todavía hacen que se me ponga la piel de gallina. Decían, por ejemplo, que iba de gracioso y hacía daño, que creía saberlo todo y no sabía nada, que era un cotilla, un cobarde, débil y que los había defraudado. Todos participaban en esta lluvia de acusaciones. Todos menos mi madre, que permanecía seria sin decir nada.

Yo, mientras tanto, intentaba ignorar cada una de esas hirientes palabras, aunque cada vez se hacía más difícil. Recuerdo que, en el sueño, permanecía serio, sin replicar nada, aguantando las acusaciones, hirientes todas ellas, pero sin llorar. No quería que me viesen llorar, no quería darles la razón en lo de que era débil, tal vez porque de pequeño lloraba bastante y se metían conmigo con eso, tal vez por orgullo, el caso es que ellos no me vieron llorar en el sueño.

Pero cuando desperté, no pude evitarlo. Desperté llorando, sintiéndome mal conmigo mismo por creer que ellos pensaban eso de mí, me sentía un desgraciado porque ellos pensaban eso de mí. Y lo cierto es que es muy doloroso que parte de las personas que más te importan te echen a la cara ese tipo de cosas. Conseguí volver a dormirme, y no soñé nada más; tuve suficiente con aquel sueño.

Como he dicho antes, hace ya unas semanas desde este sueño, pero lo recuerdo bastante bien por cómo me sentí al despertar. Y creo que va a ser difícil olvidarlo.

lunes, 27 de junio de 2011

Empatía

La empatía es un sentimiento que hay que tener presente. Estoy seguro de que si la gente tuviese un poco de empatía, de ponerse en el lugar de los demás en ciertas ocasiones, las cosas marcharían mejor. Lo malo es que o somos unos egoistas o si hacemos así nos llaman estúpidos. “Nadie mira por tí, ¿por qué tienes que mirar tú por alguien?”. Esta es la respuesta que muchas veces encontramos, bien de nosotros mismos, bien de otras personas.


Pero yo quería hablar de mí mismo. Siempre he pensado esto, que si se practicase más la empatía, las cosas mejorarían notablemente. Yo hace mucho tiempo que empecé a ser así, y debo decir que en ocasiones acabas, perdonadme la expresión, hasta la polla. Sí, porque aunque las primeras veces cueste, esperas que la gente se dé cuenta de lo que haces, de que has dejado a un lado tu beneficio propio y has pensado en el suyo, que te lo agradezcan, si no es con un gracias, que sea de otra forma, como por ejemplo poniéndose en tu lugar cuando vayan a hacer o decir algo.


Pero te das cuenta de que no es así, de que se van a seguir quejando y van a seguir mirando su ombligo. Ya me ha pasado más de una vez que he pensado en una persona, he actuado de forma diferente a como iba a actuar (a mejor, o lo que yo entendía como mejor, claro está) y la he fastidiado más si cabe que si lo hubiese hecho de la otra forma.


Tal vez el problema es que espero que los demás tengan también empatía hacia mí, cosa que no tienen. Y puede que pensando de esta forma, esperando una empatía hacia mí (ya que yo la he tenido hacia ellos) sea un egoista con otra forma de egoismo. Yo pienso en los demás esperando que ellos piensen en mí. ¿Es esto egoismo?


Al fin y al cabo, estaría bastante bien que la gente piense en los demás, que levante la vista de su ombligo y vea que hay otra gente con otras formas de pensar, sin olvidar que ellos también existen.

martes, 17 de mayo de 2011

#spanishrevolution

Buenas. Soy un estudiante de 1º del Grado en Historia. La historia contemporánea no es mi fuerte, nunca me ha atraído mucho, pero lo que más me ha atraído de ésta han sido los cambios políticos y sistemáticos que han habido, y las nuevas teorías políticas que han surgido: populismo, socialismo, comunismo, capitalismo... Admiro a gente como Simón Bolívar, Ernesto Che Guevara, Martin Luther King, Malcolm X... más que nada por su acción liberadora, lejos de las cosas malas que hayan podido hacer algunos de ellos, cosas que, sin embargo, también conviene saberlas. No soy un gran teórico ni pretendo tener una ideología definida. Digo todo esto para que se entienda lo que voy a exponer a continuación.

Como estudiante de Historia he tenido la suerte de conocer los cambios políticos a lo largo de la historia del hombre, los tipos de gobiernos que han regido la vida del ser humano, las sociedades... Pero puede que sean en lo últimos siglos donde más cambios sociales se han dado en el mundo con las independencias de las colonias, la lucha por las libertades, por una sociedad más justa; aunque en ciertos casos, todos prácticamente, al final la cosa ha salido rana... Pero esto es lo que nos tiene que servir de ejemplo, para no desentendernos una vez conquistada la cumbre.

Es especialmente relevante, a mí forma de entender las cosas, el caso de la ONU y su antecesor, la Sociedad de Naciones: se elaboró como un organismo mundial para mantener la paz, el orden y la justicia, y años después vemos como se impone la ideología dominante: la de EEUU. Abrid los ojos, no pretendo ir en contra de EEUU, pero es lo que hay: las decisiones del G8, G20... giran entorno a la opinión de EEUU, y si no se opina como él, mal vamos. ¿Y por qué el G20 y el G8? ¿Por qué los países más ricos imponen sus decisiones a los más pobres? Se supone que la ONU pretende el consenso entre paises, no la alineación en uno u otro bando.


Pero centrándome en España, aquí siempre hemos sido especiales. Llegamos a ser una potencia mundial hace unos cuantos siglos, y por culpa de políticos corruptos que han gobernado durante años este país, estamos donde estamos. Sólo nos hemos revelado en contadas ocasiones, una de ellas cuando Francia nos invadió allá por el s. XIX. Menos mal. Pero a parte de eso, poco más. Los cambios políticos de finales del siglo XIX, los caciquismos, las elecciones amañadas... Nada, España ha seguido expectante mientras sus políticos se peleaban por repartirse el botín. 40 años de dictadura que nos quitaron todas las libertades, pero finalmente las recuperamos. Y aún así, todo este tiempo hemos seguido expectantes. Hasta este domingo 15 de mayo. Este domingo 15 de mayo, yo, con 18 años de vida, he visto como el pueblo se levantaba contra sus políticos de forma pacífica. He llegado a creer que un cambio es posible.

Siempre he estado acostumbrado a ver revoluciones en la televisión, entre otras muchas cosas. Revoluciones que no me tocaban de cerca. Revoluciones en países de África, de Sudamérica, pero estaban muy lejos y puede que por eso no llegase a captar las razones o su importancia.

Ahora es cuando he visto que España, un país como otro cualquiera, un país desarrollado, ha dicho basta. Sinceramente no creía que fuese a pasar. Y ahora que he visto a estudiantes, abogados, parados trabajar unidos he dicho: Esto no puede acabar un 22 de mayo. Y es así, este domingo no podemos dejar que esto acabe. Debemos demostrarles a los políticos que el poder no lo tienen ellos, sino nosotros, que ellos sólo están ahí para representarnos y llevarnos por el buen camino, y no abusar de nosotros. No quiero una revolución permanente. Quiero que cuando un político corrupto salga en la tele, la gente reaccione para que deje de chupar del bote.

Me gustaría que esto no se quedase en un mero párrafo en un libro de Historia de dentro de unos años, sino que se dijese que, gracias al domingo 15 de mayo, comenzó una nueva era, una era de justicia política.

Esta es mi opinión. La opinión de un estudiante que ha visto en esta #spanishrevolution una oportunidad para el cambio político. Que esto sea una mera anécdota o el principio de algo grande ya no depende de mí, depende de nosotros.

Buenas noches, y ánimo a todos los indignados de parte de un indignado.

jueves, 10 de marzo de 2011

Bombas atómicas de

Hiroshima y Nagasaki


A continuación os dejo un trabajo que hice para una de las asignaturas de la carrera, espero que os guste, y no tengáis reparo en comentar. Que lo disfrutéis.


Puede que uno de los acontecimientos más significativos y destacables del siglo XX fuese la Segunda Guerra Mundial por todo el enfrentamiento y trasfondo ético, ideológico y político que hay detrás. Sin lugar a dudas, podríamos analizar la Segunda Guerra Mundial desde muchos puntos de vista, analizar sus causas, consecuencias, su desarrollo, el punto de vista de uno y otro bando... Pero no. Lo que vamos a hacer es analizar un punto concreto de este cruento enfrentamiento: el lanzamiento de las bombas atómicas sobre las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki. Pero no analizaremos todo lo que está detrás de esta parte de la guerra, sino cuando se desarrollan los hechos, el plan estratégico y, sobretodo, sus consecuencias sobre las poblaciones japonesas y sobre Japón.


Pese a que la guerra en Europa ya había acabado, la guerra en el Pacífico entre Estados Unidos y Japón continuaba y su fin no se vislumbraba en el horizonte. Debido a esto Estados Unidos decidió utilizar su arma secreta: las bombas atómicas resultado de un plan estratégico secreto llamado Proyecto Manhattan. Con este lanzamiento pretendía acabar de manera rápida con la guerra, ahorrando miles de vidas de ambos bandos. Pero aún debían decidir donde lanzar las bombas. Las opciones eran las ciudades de: Hiroshima, pues tenía un puerto de importancia para el tráfico marítimo y la sede del cuartel general del II Ejército y del Ejército Regional, además de que el área industrial estaba muy desarrollada y todavía no había sido atacada; Kokura, por poseer una de las fábricas más importantes del país; Niigata por ser un puerto de importancia y por su gran capacidad industrial; y Nagasaki por ser un gran centro industrial con un puerto de interés militar. Finalmente se decidió atacar, por orden de prioridad, Hiroshima, Kokura y Nagasaki, aunque se terminaría bombardeando Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto respectivamente al no poder bombardear Kokura por inclemencias del tiempo.

Aunque la primera bomba, bautizada con el nombre de Little Boy y lanzada desde el bombardero B-29 Enola Gay, no tuvo el efecto que Estados Unidos deseaba sobre Japón, la segunda bomba, apodada Fat Man y lanzada por el bombardero B-29 Bockscar sobre Nagasaki, les dio la victoria a los estadounidenses al declarar el emperador Hirohito que Japón ya no estaba en guerra. Pero si bien siempre se ha dicho que las bombas provocaron la rendición japonesa, también se argumenta que el enfrentamiento entre japoneses y soviéticos en la batalla de Manchuria fue la causante de la rendición, aunque esto es otra historia.


Los efectos de ambas bombas pueden resumirse con las palabras “muerte” y “destrucción”, casi a partes iguales. Por un lado, la bomba Little Boy lanzada sobre Hiroshima explotó a 600 metros de altura, elevando la temperatura a más de un millón de grados, cosa que incendió el aire y que se extendió en un radio de 1'6 kilometros, destruyendo edificios y matando instantaneamente a 80.000 miles de personas, aunque el radio de destrucción sería de unos 11 kilometros. Esta cifra de muertos aumentaría, pues tras la explosión, empezó a llover a los treinta minutos una lluvia negra llena de hollín, polvo y sustancias altamente radioactivas que algunos supervivientes bebieron por la sed que les provocó el despertar rodeados de llamas. La cifra de muertos en los días siguientes aumentaría hasta 140.000 aproximadamente, muriendo debido a una enfermedad horrenda que, junto a las graves quemaduras que tenían muchos, prolongó su angustia varios días. Pero no solo murieron aquellos que se encontraban en Hiroshima, sino también soldados y médicos que fueron a ayudar a las víctimas, debido a la exposición radioactiva a la que se sometieron.

Por otro lado, la bomba Fat Man sería lanzada sobre Nagasaki el 9 de agosto de 1945, tres días después que la de Hiroshima, y pese a que tenía una potencia mucho mayor que la Little Boy, su huella de destrucción fue mucho menor debido a la topografía de Nagasaki. No obstante, 40.000 personas murieron en este ataque y unas 20.000 resultaron heridas, de las cuales miles morirían en los días siguientes a causa de las quemaduras, el envenenamiento y la radiación residual, al igual que médicos y soldados que, como hicieran en Hiroshima, fueran ayudar a la víctimas. Además, algunos heridos de Hiroshima se refugiaron en Nagasaki, y si lograron sobrevivir a la explosión de Hiroshima, se hace difícil creer que, con las heridas y en el estado en que se encontraban, lograsen sobrevivir a esta segunda bomba, y si lo lograron, esta vez morirían con total seguridad en los días posteriores.

Ambas ciudades fueron reconstruidas con los años y actualmente las pocas pruebas palpables que hay de los bombardeos son algunos edificios que se dejaron intactos en memoria o nuevas construcciones con los mismos fines. Sin embargo, ambas ciudades poseen una alta actividad radioactiva, debido a las bombas, que difícilmente desaparecerá, pues deberán pasar miles de años para que la radiación desaparezca y aún así puede quedar alguna huella. De hecho, ejemplos de la radiación que a día de hoy asola estas ciudad son las malformaciones que sufren ciertas personas que habitan estos lugares, además de malformaciones en recién nacidos


Para terminar, mi opinión es que debo reconocer que, como estudiante de Historia, este suceso es uno de los más importantes del siglo XX por todo lo explicado anteriormente, además de por ser un avance científico relevante como es la utilización de la energía nuclear, aunque sea con fines bélicos, y por lo que supuso más tarde para el mundo, ya que a partir de estas bombas se ha asentado la idea de que aquel país con armas nucleares tiene un poder bélico muy grande, cosa que es cierta, aunque no por ello debe de estar al margen de la justicia.

Sin embargo, a la vez que reconozco la importancia de lo sucedido, me impresiona que se matase a un número tan alto de civiles sin más razón que la de destruir unas bases militares que estaban en esas ciudades, y no solo eso, pues además de una muerte rápida para muchas personas, para otras muchas fue una experiencia horrible que consistió no solo en sobrevivir al bombardeo y despertar en un auténtico infierno, sino el ver personas carbonizadas y el agonizar durante días, sufriendo una enfermedad espantosa llena de síntomas desagradables. Ni que decir de las malformaciones que sufrieron los habitantes tanto momentáneos como posteriores de Hiroshima y Nagasaki, teniendo que pagar un plato que ellos no rompieron.

En conclusión, este hecho es de los más relevantes en la historia contemporánea al colocar a Estados Unidos como la potencia bélica mundial, pero eso no les da derecho a destruir ciudades enteras y matar a miles de civiles, y sin ser después juzgados por ello, pasando página como si nada hubiera pasado. Además, la huella que han dejado en esas ciudades permanecerá miles de años hasta que ambas puedan recuperarse por completo. Puede que un juicio a Estados Unidos sobre este acto no devuelva la normalidad a las tierras de estas ciudades ni las víctimas a sus familiares, pero al menos se demostraría que en la guerra no todo vale y que ningún país está al margen de la justicia por mucha potencia bélica o económica que sea y tenga.